6 nov. 2014

Jueves de Letras #4: Yo, Mariano.

¡Hola bebés! ¿Cómo andan? Yo aquí, con un día más bien pesado, pero dándole para arriba. Hoy decidí compartir con ustedes un relato que escribí hace un tiempo para un concurso literario de la Policía de Investigaciones de mi país, así que el tema es un poco oscuro jajaja. La idea era tomar un caso memorable y partir desde ahí, yo tomé uno que nunca pudieron resolver desde el punto de vista del asesino, ¡espero que les guste!

"Yo, Mariano"

"Mi nombre es Mariano Salazar y soy el descuartizado N.N de Quilicura.
Así me habría gustado comenzar una carta a la policía, muy al estilo de un buen asesino a sangre fría, admitiendo al mismo tiempo que soy la víctima a la vez que el victimario, pero quizás está un poco pasado de moda el poner tanto dramatismo en algo que ya de por sí está bañado en sangre.
Quizás deba empezar por el principio; era la madrugada del diecisiete de febrero de 1973, aunque era verano se veía niebla por la ventana de nuestra casa. Eso sería lo último que mi victima sabría. Para ser sincero, me sabía un poco mal el matarlo, porque se parecía un poco a mí y eso me ponía incómodo, pero a veces hay que hacer cosas que nos desagradan. Le dije a María del Carmen que le diera de nuevo al tipo con la escoba porque no dejaba de moverse en la silla donde lo teníamos atado y eso me ponía nervioso, Mari Carmen tenía cara de quien no quiere la cosa pero mi mano levantada le recordó quien mandaba. Sonó hueco cuando el palo de madera golpeó la cabeza del hombre.
-Ya es hora -dije más para mí que para ella-, no hay porque aplazarlo más. Mari Carmen solo asintió callada. Nunca estuvo muy dispuesta a ayudar, más tarde me encargaría de ella, estaba resultando una molestia.
Me acerqué lentamente al hombre atado y le sonreí como disculpándome, se sentía bien el ser educado, entiéndanme, yo no tenía nada contra él, solo necesitaba un doble. Tenía que mostrarme agradecido.
-Mari Carmen, pásame el serrucho.
El tipo se puso a negar como loco, de verdad que casi me dio lástima, pero me daba más lástima yo mismo, siendo perseguido por esa gente viciosa y llevando una vida miserable y gris. Cuando mi esposa puso la herramienta en mi mano, me volvió a quedar claro el por qué estábamos todos allí.
Lo primero que hice fue cortarle la cabeza.
La sangre caía a borbotones mientras manchaba el piso que mi esposa había tallado tan esmeradamente. El hombre apenas y alcanzó a pronunciar sonido alguno, yo era muy ducho en el uso de las herramientas de construcción. Herramientas de destrucción, pensarán ustedes. Construcción, digo yo, de mi nueva vida. A veces hay que hacer sacrificios.
Todo la masacre pasó por mi como una nebulosa, si me preguntan, realmente no sentí nada más que cansancio; los cuerpos humanos son difíciles de separar, el hombre se esforzaba por mantenerse en una pieza incluso estando muerto, creo que su deseo de ser digno superaba a la muerte. Pero el mío también. Luego de terminar teníamos un torso, extremidades, una cabeza y un arroyo de sangre que salía del baño hacia el resto de la casa. María del Carmen se desmayó y supe que tenía que morir si es que quería estar completamente a salvo.
Mientras golpeaba su cráneo contra la pared de la bañera comencé a soltar lágrimas y tuve que empezar a consolarme a mí mismo; “Esto es por amor, esto es por amor, esto es por amor” no dejaba de repetírmelo. Amor a ti mismo pensé en ese momento, pero eso no tenía nada de malo, me recordé. Amarse a sí mismo era uno de los mandamientos. Merecía una vida nueva, así mi esposa y el hombre extraño tuvieran que pagar por ella o no. De todas formas me costó un buen rato dejar de llorar.

Me pasé el resto de la madrugada aprovechándome de la amable oscuridad que me brindaba la niebla y la débil luz de la luna. Mi plan era repartir restos por aquí y por allá en mi camioneta para que no pudieran seguirme la pista tan fácilmente, y luego ya pensaría que hacer con mi esposa. Logré dejar el torso en un lugar cerca de Quilicura -de ahí me gané el nombre- y un muslo en un puente de estación Mapocho. La siguiente parada fue la más difícil, llegué hasta el sector de Colina cuando el sol amenazaba con aparecer y comencé a desesperarme. Terminé arrojando los restos que me quedaban a un sitio baldío donde con un poco de suerte se los tragarían los perros vagos y terminarían el trabajo por mi. Podría haber hecho eso con todo el cuerpo, pero siempre me gustó la idea de causar un poco de conmoción.
Y vaya conmoción causé.

El día que el cartonero encontró el muslo yo ya estaba lejos en la región de Coquimbo. Según leí en los diarios, el pobre creyó que era un pernil y se lo llevó a la esposa para que lo cocinara, pero al final terminó descubriendo que era carne humana, y ahora no había chileno que no desconfiara de su carnicero de toda la vida. Todo por una travesura de una noche. Ah pero la parte más interesante aún no llegaba, unos días después me enteré de que habían encontrado a Mari Carmen en la tina del baño donde habíamos asesinado juntos a aquel tipo, ahí mismo donde ella se había desmayado por débil y cobarde, donde había demostrado que no era digna de acompañarme en mi nueva vida -aunque, para ser justos, yo ya había medio decidido que no iba a llevarla conmigo para ese momento-. Todo en la capital pintaba muy trágico; un pobre cartonero que tragó carne humana, un español, Mariano Salazar, y su esposa, brutalmente asesinados, descuartizados sin piedad. Ninguna pista. Que lamentable, tiene que haber sido un infierno. Pobre Mariano Salazar... asesinado brutalmente por un loco con un serrucho y repartido por toda la ciudad de Santiago. Pobre Mariano Salazar... escapando de la policía hacia una nueva vida, con todo el mundo creyendo que a estas alturas no era más que un sórdido cadáver. Pobre, pobre Mariano Salazar.
Unos días después supe que había personas que alegaban haberme visto rondando por las calles de la capital y que se comenzaba a sospechar que el cadáver no era yo, porque faltaba una cicatriz. Y supe que haber dejado a Mari Carmen en la tina para escapar esa misma noche había sido mi salvación, porque de otra forma me habrían encontrado, y yo probablemente me estaría pudriendo en una cárcel ahora en vez de estar de vuelta en España, con un nombre nuevo, una esposa nueva y dinero nuevo. Nunca hay que quitarle valor a las ideas que vienen por impulso. No siempre hace bien pensar las cosas tanto.
Recuerdo estar en el barco de vuelta a España. Yo tenía la fantasía de volar, pero a veces hay que aprender a aceptar la realidad; no tenía el dinero y además si intentaba subirme a un avión, era probable que me atraparan. Fueron esos días en alta mar cuando me encontré a mí mismo escribiendo múltiples cartas que después quemaba dentro de mi camarote cuando ya pensaba que nadie merodeaba por los pasillos. “Yo asesiné a Mariano Sala-” “Sé quién es el asesino de Ma-” “Mariano Salazar está vi-” nada sonaba bien. Nada sonaba como la verdad absoluta. Nada excepto: “Mi nombre es Mariano Salazar y soy el descuartizado N.N de Quilicura.” Comencé esa carta un montón de veces en el tiempo que tardé en llegar a España. La comencé muchas veces más en los años siguientes, cuando ya nadie recordaba el caso del descuartizado y el cartonero había olvidado el sabor de la carne humana y otra vez llevaba paquetes de extraña procedencia a casa sin pensarlo dos veces.
Nunca pude dejar mi vida realmente atrás. A veces soñaba con Mari Carmen y en como yo lloraba sangre y ella sangraba lágrimas mientras le golpeaba la cabeza contra la tina. Y en como debí volver esa noche a besarla por última vez. Pero el arrepentimiento no servía de nada. Yo había hecho esto porque me merecía una nueva vida, porque me amaba a mi mismo más que a nadie.
Nunca sentí remordimientos por el tipo extraño. El recuerdo se volvía cada vez más nebuloso, hasta que comencé a preguntarme si tal vez esa noche dejamos la ventana abierta y se coló la niebla, porque no hay otra forma de que todo haya estado tan borroso y tan húmedo. Su sangre era húmeda, me recuerdo a veces. Y todo se niebla otra vez."

No sé si es bueno o no. Sólo sé que me divertí mucho escribiéndolo. Con el NaNoWriMo también voy bien, superando las 11.000 palabras y planeando entrar a otro concurso de escritura jajaja. No me va muy bien pero la adrenalina de escribir me pone muy contenta. 
¿Cómo están ustedes?
 


1 comentario:

ChesterDEAN dijo...

Amé tu forma de escribir, me enganchaste. De verdad, tienes un estilo magnífico, profesional.
Wiiii cuando escribas un libro, diré que te conocí :3 hahaha
Besotes!

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