16 oct. 2014

Jueves de Letras #3: Permítame

Hoy, como blogger responsable, he vuelto con una sección que tenía medio abandonada: Jueves de Letras. La verdad es que estaba medio desesperada porque hace tiempo que quería traer un relato pero como estoy ocupada escribiendo la novela de la que les hablé en este post la verdad es que no he tenido tiempo de escribir nada nuevo. Pero, como siempre estoy preparada no, les traje este fanfic que escribí para el cumpleaños de mi mamá hace ya un par de meses (sí, leyeron bien, le regalé un fanfic a mi mamá, así de locos estamos en mi casa). Es de Orgullo y Prejuicio y aunque no es ninguna maravilla es algo así como lo que me gusta pensar que pasó con los personajes luego de que termina el libro. Espero que les guste (:

"Permítame"
 
"Elizabeth Bennet seguía escribiendo acompañada de la tenue luz de la vela. El sonido de la pluma raspando contra el papel era lo único que se oía en toda la mansión. Ya era bien entrada la noche y los sirvientes se habían acostado. Su esposo, Mr. Darcy, yacía dormitando de medio lado en el amplio sofá de la sala de lectura.
Ya habían pasado seis meses desde que la boda de Lizzy y Darcy se había concretado. Siete y medio desde esa tarde cuando el, entonces distante Darcy le había pronunciado sus más tiernas palabras; “Permítame decirle que la amo”. Ahora Lizzy estaba esperando un bebé, y esa era exactamente la razón por la cual se quedaba despierta hasta altas horas de la noche escribiendo; quería tener listo un libro de relatos infantiles para cuando el niño –estaba segura de que sería un niño- naciera. Sería su primer regalo como madre, y era necesario que fuera perfecto.
-Lizzy, querida –se escuchó adormilada la voz de Darcy desde el sofá. Elizabeth ni siquiera se molestó en mirar, ya sabía lo que venía y quería terminar de escribir la línea en la que estaba.- Lizzy…
-Sólo un párrafo más… -pidió, arrastrando la pluma.
-Es muy tarde para el bebé.
-No diga tonterías, Mr. Darcy. El bebé está dormido en mi panza –sonrió Elizabeth.
Darcy se acercó a su esposa y posó las manos en sus hombros, esperando pacientemente a que terminara otra línea.
-Querida, la luz apenas es suficiente para ver nada –la regañó con suavidad-, y tiene que descansar. Ya es suficiente por hoy.
Elizabeth sabía que Darcy no iría a la cama hasta que ella lo hiciera, así que dejó la pluma en el tintero muy a su pesar y se levantó. Su esposo la tomó por la cintura y la acercó para besarla mientras la luz de la vela iba desapareciendo.
-Permítame decirle que luce hermoso en la oscuridad –dijo Lizzy.
-¿Debería tomarlo como un cumplido? –la sonrisa de Darcy se escuchaba con claridad en su tono de voz.
Lizzy se deshizo de su abrazo.
-Puede tomarlo como quiera –repuso. Pero ella también estaba sonriendo.

Los días pasaban y Elizabeth seguía escribiendo. Incluso los días de visita de su hermana Jane y su esposo, Mr. Bingley, el mejor amigo de Darcy, eran ocasiones que Lizzy hallaba oportunas para hablar de sus relatos. Jane también estaba esperando un bebé, y en sus visitas tocaba el piano para los hijos de ambas que aún no habían nacido.
Su madre, por supuesto, estaba de lo más feliz. Y su padre… Su padre, Lizzy estaba segura, sería el mejor abuelo del mundo, porque esta vez su madre no podría tomar decisiones por él. 

-Nunca tocas el piano para mí –dijo un día Mr. Darcy luego de que su cuñada se hubo ido.
-Oh, cielo, sabes que lo odio.
-¿Cómo es que lo odia? Toda dama debe amar el arte del piano –alegó Darcy.
-Como si no supiera que es por eso que gusta tanto de mi –río Elizabeth.

Otro día Elizabeth estaba escribiendo al aire libre, y Darcy estaba espiando por detrás de su hombro.
-Sé que está aquí –le dijo Lizzy.
-Nunca he sido bueno en el arte de esconderme –se lamentó.
-Puedo oírle sonreír cuando lee mis historias.
-A Fitzwilliam Jr. le van a encantar.
-Mi hijo no va a llamarse Fitzwilliam aunque tenga que llevármelo lejos después del parto –Elizabeth sonrió, solo medio bromeando.
-Pero debe llevar mi nombre –se quejó Darcy.
-Que usted lleve un nombre tan lamentable no es en absoluto culpa del niño. Bien puede llevar el nombre de mi padre. O un nombre completamente nuevo.
-¿Por qué tiene que ser tan terca? –le preguntó masajeándose las sienes.
-Porque no permitiré que mi hijo se llame de ese modo.
-Lo dice como si fuera algo malo.
-Usted puede sacar sus propias conclusiones.

Ese mismo día, más tarde, cuando Darcy y Elizabeth se hallaban ya en sus ropajes de dormir, Darcy llama a la puerta de su esposa, y se encuentra con ella en camisón, con el cabello tomado en un rodete alto, medio despeinado, como sólo él podría verla.
-Vine a hablar con Fitzwilliam –anunció Darcy.
-Aquí no hay nadie con ese nombre –le espetó Lizzy, pero igualmente lo dejó pasar, con una pequeña sonrisa de medio lado.
-Eso lo hablaremos mi hijo y yo. En una conversación de hombres.
Darcy se agachó hasta quedar a la altura de la panza de Elizabeth, y se puso a frotarla suavemente mientras pegaba sus labios a la delgada tela del camisón. Entonces comenzó a susurrar.
-Si quieres llevar el nombre de tu padre, patea ahora.
Nada.
Nada.
Pasaron algunos segundos más.
Aún nada.
-¿Lo ve? –le dijo Lizzy de manera burlesca.
-Sólo está dormido.
-No invente excusas, por favor.

Finalmente, un caluroso día de Julio, Elizabeth dio a luz a Charles Darcy, el hijo mayor de la casa Darcy, quién sería seguido por sus hermanos, Christen y Daryl, y sus hermanas Alice y Emma. También, unas semanas antes. Nació Fitzwilliam Evans, el primer y más grande héroe de las novelas de Elizabeth Darcy, una de las más grandes escritoras para niños de la antigua Inglaterra, reconocida a lo largo de todo el país por sus relatos maravillosos, llenos de magia y hermosas criaturas.
Aun cuando fueron viejos, y ya no eran tan apuestos como una vez fueron, Mr. Darcy y Elizabeth siguieron juntos. Juntos con el ímpetu del sentimiento del día que se declararon su amor para siempre. Juntos con la intensidad que siempre existió entre ellos. Incluso el día en que Elizabeth supo que su Darcy se iba para no volver en un viaje sin retorno; incluso ese día, su Darcy no la decepcionó y se ocupó que sus últimas palabras fueran solo para ella.
Su mano frágil y vieja tomaba la de su esposa, que temblaba un poco, resistente ante la idea de perder a la única persona que había amado en la vida. Se miraron a los ojos, los de él, que apenas podían ver afectados por las cataratas. Y los de ella, cansados de tanto escribir a la luz insuficiente de las velas agotadas. Se apretaron las manos con las últimas fuerzas que les quedaban y Elizabeth se acercó a besar a su marido que yacía postrado en su enorme cama que parecía demasiado grande para él.
Darcy la miró con esa ternura que tenía sola y exclusivamente para ella.
-Permítame decirle que la amo.
Elizabeth solo dejó escapar un par de lágrimas mientras la mano de su esposo iba perdiendo la vida lentamente.
-Permítame decirle… -comenzó a decir la anciana Lizzy entre lágrimas- que yo lo amé toda mi vida."


So, that's it. A mi me re emociona pensar en Lizzy y Darcy la verdad.
Recuerden que pueden darme ideas para escribir más relatos y que se los agradecería un montón. Ánimo para terminar la semana! 

3 comentarios:

AtomicKitten dijo...

ESTOY LLORANDO
JAMAS LEI ORGULLO Y PREJUICIO Y ME CHUPA UN HUEVO PERO ESTOY LLORANDO
NUNCA JAMAS EN MI VIDA ODIE TANTO A NADIE COMO TE ODIO A VOS POR FAVOR RETIRATE DE MI VISTA

AtomicKitten dijo...

(el diseño nuevo qué lindo, hago desmayos)

Maii dijo...

ABBIE QUE ES ESTO
HOW DARE YOU
Empezó todo re tierno y después me rompió el corazón DDD:
Por eso no confío en la gente chau ;_;
Also divino el fondo del blog ay.

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