18 sept. 2014

Jueves de Letras #2: Le brûlant amour

Holaaa! ¿Cómo va? Hoy en Chile celebramos las fiestas patrias y a mi me da igual la verdad, porque en casa no hacemos nada especial y eso significa día feriado y de descanso so, hoy les traigo el relato temprano. Como saben, para los Jueves de Letras, se puede pedir tema, y eso es lo que hizo Maii que pidió; Dragones, Paris y tema basado en una canción de SHINee. Eso último no lo pude hacer pero si me las apañé para lograr escribir algo con Dragones en Paris so... hoy les traje el resultado. ¡Espero que les guste!

 Le brûlant amour

"Ardeur estaba sentado en el techo de la gran catedral de Notre Dame una fría noche de enero, la gélida nieve que caía no lograba posarse sobre su piel, pues el candor que irradiaba era demasiado para que cualquiera pudiera aguantarlo.
A Ardeur su forma de dragón no le agradaba demasiado, de hecho, lo ponía de mal humor y esa era la única razón por la cual era altamente letal acercarse a él cuando adoptaba el tamaño de un pequeño autobús escolar. Si tan sólo hubiera podido subir hasta allá arriba en forma humana… El techo de la catedral era el único lugar donde nadie lo buscaría. El único lugar donde podría pasar su cumpleaños en esa soledad que tanto le apetecía y que tan difícil era encontrar en la gran ciudad de Paris.
Ni siquiera allá arriba podía dejar de pensar en Brille.
Brille era probablemente la única dragona que lucía bien en su forma natural y también en su forma humana, y es que su cuerpo plateado relucía enceguecedor a la luz de la luna y sus ojos azules lo traspasaban como zafiros las pocas veces que conseguía mirarla más de tres segundos seguidos sin ruborizarse –no literalmente, claro, porque los dragones no se ruborizan-. La forma humana de su amiga era todavía más bonita si cabe; cabello negro y sedoso y los mismos ojos azules intensos que dejaban relucir la sangre de dragón que corría por sus venas. Ardeur jamás la había invitado a salir. Excepto claro, si salir a cazar juntos a media noche podía considerarse una cita, en cual caso todas y cada una de ellas habrían sido un desastre, porque Ardeur no sabía cazar, y Brille casi siempre hacía todo el trabajo.
Lo que pasaba es que a Ardeur no le gustaba ser un dragón y la razón era una sola; a Brille no le gustaba la idea de salir con otros dragones.
Lo habían hablado un montón de veces y la dragona siempre decía lo mismo; salir con un dragón solo da problemas, los dragones mueren muy jóvenes, los dragones son muy violentos, los dragones no sabemos lo que es realmente vivir. Y desde entonces, Ardeur se había esforzado por ser lo más humano posible. Tanto que incluso se perdía las noches de caza y no sucumbía a sus instintos hasta que su cuerpo le exigía cazar. Aunque a veces, noches como la de hoy, le gustaba subir al techo de la catedral y jugar con fuego. Creaba flores de fuego que le daría a Brille si tuviera la oportunidad.

El techo de Notre Dame retumbó cuando otro dragón se posó sobre él. El corazón de Ardeur se detuvo cuando volteó su cabeza unos cuantos grados y sintió como el resplandor plateado lo cegaba. No tuvo que buscar los ojos de zafiro para saber quién era.
-Al fin te encuentro –dijo la dragona, que a pesar de su tamaño tenía una voz muy femenina, aunque firme.
-¿Estabas buscándome? –logró decir el dragón amarillo cuando salió de la sorpresa.
-Por supuesto, es tu cumpleaños tonto. No me digas que lo olvidaste –si los dragones hubieran podido sonreír, la sonrisa de Brille lo habría deslumbrado.
-Técnicamente, mi cumpleaños es mañana.
-Ya son pasadas las doce, así que técnicamente, tu cumpleaños es hoy.
-Vaya, entonces es bastante deprimente el no haberlo notado.
-Bastante, por suerte estoy aquí para arreglarlo –Brille cerró los ojos y tomó aire, cuando Ardeur se dio cuenta de lo que estaba por pasar ya era demasiado tarde. La chica le lanzó una llamarada que podría haber incendiado un pequeño apartamento y lo envolvió en un anillo de fuego. -¡Feliz cumpleaños!
A Ardeur el fuego no le molestaba. Pero ser tomado con la guardia baja nunca era bueno y Brille siempre se las traía con él, así que le devolvió la llamarada.
-Eh, que yo no estoy de cumpleaños –se quejó la dragona plateada.
-¿Acaso eso era un regalo? -rio el chico.
-No –esta vez Ardeur estaba casi seguro de que pudo ver a Brille sonreír- tengo otro regalo para ti, pero tendremos que bajar de tu lugar especial.
-Espera. ¿Cómo sabías que estaba aquí?
-¿Se supone que ni sepa dónde se esconde mi mejor amigo para no ir a cazar?
Ardeur tragó saliva. No era algo agradable en su forma de dragón, pero los impulsos humanos son difíciles de olvidar.
-Ya, no le diré a nadie –le aseguró Brille-. Tan solo bajemos de aquí, este lugar me pone nerviosa.

Tuvieron que volar a un parque cercano para poder volver a transformarse en humanos. Ese era parte del regalo especial de Brille; sería una noche humana, nada de alas y fuego, tan solo piel y huesos y pulmones que se queman si respiran humo, básicamente, el cielo para Ardeur.
A pesar de ser ambos Parisinos de nacimiento, ambos amaban la ciudad de noche y se fascinaban cada vez que tenían oportunidad de verla de cerca. No era extraño, a decir verdad, siendo que en la normalidad de sus días uno se la pasaba escondido en una catedral y la otra se la pasaba sobrevolando los valles en forma de reptil buscando presas. No, no eran un par de adolescentes normales.
La nieve seguía cayendo desde el cielo y se acumulaba en el negro manto que era el cabello de Brille, enmarcando su pálido rostro. A Ardeur le encantaba que Brille no fuera rubia. Todas las chicas de su clase eran rubias. Todas las chicas que veía en la calle eran rubias. Brille destacaba por su cabello azabache, le daba actitud, como si quisiera gritarle al mundo que era de temer. Ardeur sólo quería tomar su mano.

Ardeur sentía que se quemaba.
Lo cual era totalmente absurdo porque él era un dragón. Y los dragones no pueden quemarse.
Pero él podía jurar que lo que sentía era fuego ardiente corriendo por sus venas.
No sabía cómo habían llegado tan cerca de la torre Eiffel -¿el parque donde se habían transformado estaba de paso?- pero no le importaba. Tampoco sabía cómo sus labios habían llegado a los de Brille. ¿O los de Brille habían llegado a los suyos? Todo lo que sabía es que se estaba quemando y que había desplegado sus enormes alas doradas sin saberlo.
Sí, se estaba quemando, porque un espiral ardiente los rodeaba mientras Ardeur abría sus alas y los envolvía a ambos en ellas. Se estaba quemando. Por dentro. El beso los estaba quemando.
-Estás ardiendo –logró decir el chico alado rompiendo el beso.
-Y tú estás arruinándolo –dijo Brille, tomándolo del sweater y volviéndolo a besar.
Sus labios se sentían como fuego, sus dientes, algo afilados y preparados para matar, lo devoraban a cada segundo, ansiosos por sentir cada fibra de su ser. Ardeur, por primera vez, agradeció ser un dragón, porque literalmente estaban volando, flotando en frente del símbolo de la ciudad que amaban, explorando la boca del otro. Esto es lo que había esperado por tanto tiempo, esto es lo que había soñado.
Se besaron por horas, hasta que el sol comenzó a salir, porque los dragones no se cansan, porque el amor es joven. Y cuando por fin, cayeron rendidos en el césped, respiraron agitados y se tomaron las manos, que aún ardían envueltas en llamas doradas.
Ardeur, cansado como estaba, trabajó en una docena de rosas ardientes y se las dio a Brille, quien se quemó las manos al recibirlas.
-¿Qué ocurre? –preguntó preocupado el chico.
-Es muy simple –explicaron los ojos azules de la chica-, ahora que nos queremos, ya no somos inmunes al fuego del otro. Nos quemaremos para siempre.
No parecía apenada. Más bien tranquila. Si tienes el poder de herirme, también tienes el poder de darme calor."
 

So yeah... eso es lo que conseguí. Espero que les haya gustado. Sobretodo a Maii, que está loca por los dragones x3
Recuerden que pueden pedir tema para el próximo jueves, la verdad me harían un gran favor jajaa.
Nos vemos!

2 comentarios:

Maria Rodriguez dijo...

¡Hola!
¿¡Qué si me ha gustado?! ¡Me has tenido enganchada durante TODO el relato.
Yo también soy una gran amante de los dragones, son sin duda, mis criaturas fantásticas favoritas. Tan majestuosas y nobles *.*
Tu relato ha estado muy bien. La verdad que mientras lo leía me he sentido como si estuviera leyendo una novela de fantasía. Enserio, te expresas muy bien por escrito, te felicito.
Me ha gustado mucho la frase del final; "Si tienes el poder de herirme, también tienes el poder de darme calor".
En fin, ¡nos leemos! :)

Maii dijo...

ABBIE
A B B I E
ABBIEEEEEEEEEEEEEEE

ES HERMOSOOOOOOOOOOOOOOOOOO.
(me había olvidado de comentar perdoname ay que ser horrible soy)
IGUAL AHORA LO REELEÍ Y ADFJKKGDKSLG
PARÍS❤❤
DRAGONES❤❤❤❤ kinda. mejor.
QUE AMOR❤
❤❤❤❤❤❤ X 10000
Esto de tener una amiga escritora es genial, digo...

Besos :3

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