4 ene. 2012

Martes de relato #9

๑ Todos los martes subiré un relato original.
 En los comentarios, las personas que quieran pueden decir un tema para mi siguiente relato, pueden pedirlo con todos los detalles que quieran, por ejemplo:
 "Abbie, quisiera que hicieras un relato sobre una princesa y su dragon, blah blah"
(Si te da verguenza hacerlo publicamente mandame un mail)
๑ Si más de una persona pidió tema, pondré imediatamente una encuesta y las personas podrán votar por el tema que más les guste (:


Dioooos yo quiero estar ahi! ¿Por que no puedo estar ahi?
Bueno, creo que definitivamente no soy buena para esto de la responsabilidad. O tal vez sólo sea que estoy tan metida en La cosecha de Samhein -que libro increíble-, que no podía soltarlo para venir aqui y escribir algo decente que compartir con ustedes xd Prácticamente tuve que obligarme, fue mas o menos así:
- ¡Abbie, tienes que escribir el relato!
-No, déjame leer, quiero saber que pasa.
-Abbie, sería el segundo relato que aplazas para un miércoles.
-¿Y a mi qué? ¡Necesito saber que pasa con Héctor!
-Abbie, ahora.
Y así fue como me vencí a mi misma xd Permitidme ir por las ramas un momento, hoy salí con mis papás a comprar y con mi hermano vimos un hurón: Dios realmente nos volvimos locos, lo queríamos, lo queremos y encima estamos convencidos de que es la mascota perfecta para nosotros. Queremos ponerle Shirley, en honor al hurón de Wiggins de los Irregulares de Baker Street. Asi fue como se me ocurrió hacer un fanfic hoy, de mis amados Irregulares.




El Castillo.

"Un puñado de chicos estaban tirados en el suelo de una antigua fabrica de carruajes abandonada. Ellos la llamaban El Castillo, y era, ahora, su único hogar. En el suelo los chicos habían dibujado unos rectángulos grandes para dividir "las habitaciones". 
-Elfo -dijo Wiggins con una sonrisa-, otra vez estás sentado en el baño.
Algunos chicos rieron. Alfie ni siquiera se defendió, en cambio dijo:
-Tengo mucha hambre.
Wiggins miró al rededor, todos los chicos asintieron. El mismo estaba muerto de hambre y Shirley no le había casado ni una misera rata para asar, si el Maestro seguía sin darles trabajo iban a tener serios problemas.
Wiggins los miró y dijo a nadie en particular:
-Voy a conseguir comida, que algunos vayan a mendigar algo, que no los agarre la policía si no quieren terminar en el asilo -luego miro a Ozzie-, Oz ¿vienes?
Oz se levantó sin decir nada y siguió a Wiggins hasta la trampilla que hacía las veces de entrada y salida del Castillo. Afuera le habló a su amigo.
-¿Cómo piensas conseguir algo? No tenemos ni un cuarto de penique.
-Ya verás como conseguimos algo, confía en mi -agregó con una sonrisa.
A Ozzie le encantaba la naturaleza optimista y a la vez práctica de Wiggins, pero realmente no veía manera de conseguir comida. De repente lo asaltó una idea.
-¿No irás a cantar, verdad Wigs? -lo miró preocupado, siempre que su amigo se ponía a cantar tardaban siglos en conseguir alguna moneda y el tenía que ponerse a dar lástima con su asma.
Wiggins lo miró divertido.
-Claro que no, Oz. Hoy no hay tiempo para eso, vamos al mercado.
Ozzie quería preguntar para que iban ahí pero prefirió callarse. Su amigo se fue cantando todo el camino. Al llegar al mercado Ozzie se dío cuenta de lo obvio.
-Hey, compadre -le dijo a Wiggins-, ¿no iremos a hacer eso, o sí?
-Si, no hay más remedio -los ojos del chico brillaban de vergüenza-. No podemos dejar que nos agarren Oz, si el Maestro llega a enterarse que robamos seguro no nos contrata más, sin mencionar que acabaremos en el asilo.
Ozzie sólo asintió. Caminaron hasta el centro del mercado, dónde había más gente regateando.
-Deberíamos haber traído a Rohan y a Alfie -dijo Wiggins de repente-, no es ofensa compadre pero no corres bien.
Ozzie no se ofendió en absoluto, entendía como se sentía Wiggins, y se fijó en que su amigo se estaba jalando el cabello, como cada vez que algo lo ponía nervioso. Ser el jefe de los Irregulares debía ser muy difícil. 
Aunque sus pulmones no eran buenos, su cerebro lo compensaba con creces. Ozzie se acercó a su amigo y le susurro su plan.
-Eres brillante Ozzie -dijo con orgullo, siempre se sorprendía de lo inteligente que era su amigo, sobre todo por que era el único Irregular que sabía leer y escribir.
El estomago de Wiggins se quejó y eso les dio la señal para dar comienzo al plan.

Ozzie yacía en el suelo mientras respiraba agitadamente, tosía y tiritaba. La gente se había reunido a su al rededor, algunas señoras trataban de ayudarle pero Ozzie seguía con su ataque de asma fingido, mientras lanzaba miradas de solsayo a Wiggins que se había quitado la camisa y metía en ella toda la comida que cabía. Tenia que aguantar hasta que Wiggins hubiera llenado el saco. Pero de repente algo le heló la sangre, y al mirar a Wiggins supo que le había pasado lo mismo, el chico huyó a esconderse con la comida. Una señora, desesperada por el estado en el que se encontraba Ozzie, había llamado en voz alta a un doctor, gritaba y rogaba por un doctor que atendiera al pobre y delgado chico de ojos azules. No fue eso lo que heló a Ozzie, si no la respuesta.
-¡Yo soy medico! ¡ Ábranme paso! -gritó la voz de Watson desde atrás de la multitud.
Si Watson estaba ahí de seguro Holmes también, y el Maestro descubriría que todo era una farsa. Ozzie pretendió aliviarse repentinamente y trató de huir, pero se había movido tanto haciendo la farsa que el solo esfuerzo de ponerse de pie le dio un ataque de tos real. 
Una mano le tocó el hombro. Ozzie no quería volverse a ver quién era. Miró a Wiggins que estaba agazapado tras unos barriles y le dijo con los labios: "Corre"
-Vaya, vaya -dijo la voz de Watson sobre su cabeza-, mira Holmes, ¿este no es uno de tus chicos?
-¿Osgood? 
Ozzie se dio la vuelta, tenía las mejillas encendidas de vergüenza.
-Watson, será mejor que volvamos a Baker Street. Osgood haz el favor de acompañarnos.
Ozzie no dijo nada y se subió al carro que había detenido Holmes, cuando llegaron al 221 B de Baker Street tampoco dijo nada. No quería ser descubierto, pero por supuesto ya era muy tarde.
-Dime, Osgood -dijo Holmes con naturalidad-, ¿me equivoco al pensar que estabas montando un teatro allá afuera?
Ozzie no dijo nada.
-El silencio otorga -comentó Watson con antipatía.
Holmes no respondió tampoco. Se volvió de nuevo hacía Ozzie.
-Supongo que no andabas solo ¿verdad?, Wiggins jamás te habría dejado ir solo. Por lo que creo que no me equivoco al pensar que estará entrando por esa puerta de un momento a otro.
Y como por arte de magia, los rizos despeinados de Wiggins se asomaron por la puerta.
-Hola, señor -tartamudeó mirando al suelo.
-Wiggins, a la cabeza como siempre -dijo Holmes, no sonaba enojado-, supongo que viniste a ver qué tal estaba tu amigo Osgood.
-Así es, señor -respondió torpemente Wiggins. Sus ojos estaban fijos en la bandeja de plata que habitualmente estaba llena por que Sherlock Holmes casi nunca comía. Ozzie sonrió, hasta en tal aprieto su amigo era capaz de pensar en comer.
-La señora Hudson se enojará si devuelvo la bandeja llena otra vez -dijo Holmes como si tal cosa-, alguien debería tomarla, así mis relaciones con ella mejorarían.
Wiggins no se lo pensó dos veces y prácticamente se abalanzó sobre la bandeja, y aunque no era costumbre de Ozzie el también se abalanzo. No habían comido en 3 días.
Watson los miró con desagrado.
-Bien -dijo Holmes-, ahora que sabes que Osgood está bien supongo que pueden irse. Venías a buscarlo supongo.
Wiggins asintió, todavía con la boca llena. El y Ozzie se pusieron de pie y se despidieron del Maestro, bajaron corriendo las escaleras. Afuera Wiggins le dijo a su amigo:
-Creo que le hemos engañado, ¡no me lo esperaba!
-No lo hemos engañado, Wigs, sólo no dijo nada.
-¿Pero por qué?
-Ni idea, pero hubiera preferido que nos dijera algo -se lamentó.
Wiggins estaba tan nervioso que cantó todo el camino con las letras erradas, Ozzie ni siquiera tenía animo para reírse.
Al llegar al Castillo, Wiggins y Ozzie vieron que la cena estaba lista, aunque no era mucho después de tantos días sin comer parecía un verdadero banquete. Barnaby, Simpson, James, Pete, Fletcher, Shem, Elliot, Rohan y Alfie estaban sentados al rededor de la hoguera asando sus salchichas, habían guardado un espacio para los chicos.
Wiggins permanecía callado y no había probado bocado. Ozzie no sabía cuál de las dos cosas era más rara, los demás también parecieron notarlo. 
-Oiga, jefe -dijo Alfie-, también hay de comer para ti. Además no nos has contado aún que pasó en el mercado.
Los demás asintieron, estaban acostumbrados a cenar con Wiggins parloteando una historia. Ozzie miró a su amigo que parecía muy ausente, odiaba verlo así.
-Venga, compadre -le dijo zamarreándolo y entregándole una salchicha-, come algo, a ver si te sube el animo.
Wiggins estaba apunto de rechazarla pero antes de que pudiera se escucharon tres golpes secos en la trampilla.
-Es Billy -dijo Wiggins, repentinamente emocionado por la perspectiva de un nuevo trabajo.
El mensajero de Holmes era el único aparte de ellos que sabía donde estaba El Castillo. Alfie corrió a abrirle, pero regresó de inmediato con un sobre en la mugrienta mano.
Wiggins parecía más decepcionado aún.
-¡AQUÍ HAY UNA LIBRA! -gritó Pete.
Todos se giraron. 
-¡ES CIERTO! -gitó Alfie emocionadisimo, mientras corría con el billete por todos lados.
-También hay una nota -dijo Rohan-, anda Ozzie, léela.
Ozzie miró el papel, sólo habían cinco palabras escritas en el, leyó en voz alta:
"NO LO HAGAN OTRA VEZ."
Wiggins se animó de pronto. El Maestro no estaba enojado con ellos, al menos no demasiado. Eso quería decir que si conseguirían más trabajos, además ¡tenían una libra!. Wiggins decidió guardar un poco de dinero para cuando escarceara, pero tomó el resto y anunció:
-¡Mañana celebraremos un verdadero banquete! 
-Ese si eres tú, jefe -rió Alfie.
Los demás sonrieron. Wiggins tomó una salchicha y la devoró en menos de un segundo, luego tomo otra y empezó a contar la historia del mercado, de pie y haciendo muchos gestos, exagerando, cómo era su costumbre. Luego se puso a cantar.
Ozzie lo miraba sonriente, preguntándose por que el Maestro no se había enfadado, y más extraño aún, por que los había ayudado.

Fin



Ok, no es lo mejor que he escrito hasta ahora, no tiene clímax ni desenlace ni nada. Pero no me importa por que les advertí que mi cabeza estaba en otra parte. Nadie los obliga a leer esto, y aun menos a mentir en los comentarios xd Se que está horrible, no lo nieguen xd
Besooos, por fin a leer!
Abbie




10 comentarios:

AtomicKitten dijo...

Tenés que comprarte un autoestima xD
A mí me gustó, y me pareció bien que Holmes no se haya enojado :)

Abbie dijo...

Jajajajajajkajajajajajjajajjajajajajajajajaja me mataste xd A mi me parecio mal que no se haya enojado, pero quería terminar xd

Violeta dijo...

Me gusta!

Besos.

Abbie dijo...

Graciaas :3

Maii dijo...

Esta muy bueno! ;)

Besos :3
P.D: Un hurón!? ^^ jaja.. que mascotas raras querés.. pero seguro es tierno :D

Abbie dijo...

Si, si Wiggins tiene un huron yo tambien quiero uno :3

Reader dijo...

¿Un hurón? Yo también quería uno, antes, pero ahora no. La economía no me da para mantenerlo u_u asi que… hay que conformarse con algo más pequeño xD
Con respecto al relato... A mí me gusto, no puedo opinar mucho porque no soy escritor, ni tampoco leo. Saludos.
P.D: Atomic Kitten tiene razón xD

Abbie dijo...

Attomic no tiene razón 77

AtomicKitten dijo...

¿Cómo que no? Sí que tengo razón, a mí nadie, ni siquiera la persona más tierna del planeta, me discute cuando tengo razón ¬¬

Abbie dijo...

Ok ok perdoname! tienes razon, necesito algo de autoestima xd

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