24 ene. 2012

Martes de relato #11

Hola hola, hoy estoy en la playa por que mi tía recibió su titulo de enfermería, y estaré todo el dia vacacionando por lo que no tengo tiempo de escribir relato -ni ideas por cierto-. Así que como a mi me gusta eso de matar dos pajaros de un tiro hoy no escribiré relato y le haré favor a un Blogger. Creo que lo conocen, hablo de Reader  de Is there anybody out there?. Este chico me pidió que publicara su escrito, que es una especie de prologo de su historia (la que pueden encontrar completa en su blog, va por el capitulo VII y a mi me ha encantado) Lo que pasa es que este chico quiere saber que opinan de su historia y me pidió ponerlo aquí por que yo tengo más visitantes, así que no lo decepcionemos y comenten sus opiniones para que el pueda leerlas :D
POR FAVOR RECUERDEN que yo no escribí esto, cualquier credito es de Reader ;) Disfrutenlo :D


El alma del guerrero.
Capitulo Prologo: “Todos a bordo”

“El que quiere demasiado se arriesga a perderlo todo. Por otro lado, el que se conforma con poco, podría quedarse sin nada” –Tommy Angelo.

La espesa niebla  que caía sobre la ciudad de Londres del siglo XIX, parecía fundirse a lo lejos con el grisáceo firmamento.  Todos los negocios de la zona se encontraban cerrados a pesar de que aun era de día. Ventanas y puertas tapeadas; algunos comerciantes habían decidido clausurar sus  locales. Desde hace un par de meses, una ola de asesinatos había tenido lugar en la ciudad, y la policía se encontraba mucho muy lejos de llegar a resolver el caso, ni siquiera sabían si se trataba de uno o varios homicidas; por lo cual, nadie se atrevía a transitar por la ciudad cuando la oscuridad comenzaba a envolver sus rincones, menos aun las prostitutas, quienes eran los principales blancos de ataque.  En toda Londres se hablaba de un hombre al que llamaban “Jack, el destripador”,  y  al cual le atribuían  dichos homicidios.
Aquel día  no había ni una mísera alma en las empedradas calles de la ciudad, a acepción de una. De entre la niebla, salió un sujeto encapuchado, cubierto con una túnica de color marrón; parecía tratarse de  un monje franciscano.  El monje avanzaba, casi tratando, a pasos agigantados por el pavimento. Sus brazos estaban entrecruzados y ocultos bajo las enormes mangas de su túnica, al punto que, ni siquiera sus manos eran visibles.  Su encapotada cabeza, oculta por las sombras, giraba de un lado a otro  buscando a alguien a su alrededor, pero la niebla dificultaba bastante la visión y hacía imposible saber lo que había mas allá de dos metros a su alrededor. Giró a la derecha y se aventuró por un estrecho callejón hasta llegar a otra calle, luego giró a la izquierda hacia otro callejón y después de unos metros volvió girar, pero esta vez a la izquierda. Al igual que un ratón dentro de un laberinto, se escurría continuamente por distintos pasajes en diferentes direcciones, haciendo  casi imposible trazar su ruta. Su errante caminar daba a pensar que huía de alguien o… algo.
Finalmente, el monje llegó hasta un edificio de construcción gótica que estaba rodeado por un césped  casi muerto y enormes rejas de hierro. Sus torres, las cuales terminaban en forma de cono, no eran muy altas, aunque la torre del homenaje media alrededor de veinte metros de alto. La estructura también contaba con un campanario, y todo parecía estar hecho de roca caliza. El monje abrió las rejas y se dirigió por un sendero de piedras, hasta toparse con unas puertas dobles hechas de madera caoba. Del otro lado de las puertas, había un largo pasillo iluminado por antorchas que colgaban de sus irregulares paredes. Él  monje empujó la entrada, y la madera crujió de tal modo que parecía que iba a partirse. Una repentina ventisca ingreso tras él, la cual hizo flamear las llamas de las antorchas del pasillo y dificulto el cierre de la entrada. Se abrió paso hasta un enorme salón cuyo suelo era de mármol color blanco, tan pulido que  era posible verse reflejado en él, al igual  que en un espejo. En las paredes del salón, había enormes ventanales, cuyos cristales, contenían hermosos dibujos con llamativos colores; eran dibujos de  diversos Santos. Sobre el final del salón había un gigantesco Cristo en su cruz. Solo hacía falta observar el rostro de la escultura para percatarse  que el artista que lo esculpió, había logrado capturar de manera excepcional  todo el sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo. Evidentemente, el edificio era de una iglesia. El monje se acerco, al tiempo que tocaba los largos bancos de madera que lo rodeaban, hasta la escultura del Cristo, y se arrodillo para comenzar a orar.
Al cabo de un rato, un segundo individuo ingreso al gran salón. Vestía las mismas prendas que el monje que se encontraba orando y llevaba una bolsa de tela colgado en su espalda, por lo cual se podía descifrar que era un colega franciscano.
-Es bueno verte de una pieza, Achaiah. – pronunció el recién llegado, dejando caer la capucha que cubría su rostro. Se trataba de un hombre de unos treinta años, de tés color miel, ojos claros y una barba tipo candado de color castaño, la cual cubría gran parte de su rostro y lo hacía parecer más viejo de lo que en realidad era.
El orador interrumpió sus plegarias y se dio la vuelta, al tiempo que se quitaba la capucha para revelar su, hasta ahora, desconocido rostro. Su cabeza era completamente calva y aparentaba ser ligeramente más viejo que su colega.  Tenía algunas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos color café,  una nariz en forma de gancho y el mismo tipo de barba que su amigo.
-Lo mismo digo, Nemamiahs. ¿Te han seguido?
-Al hacer esa pregunta, insultas mi inteligencia, mi querido amigo. Claro que no me han seguido. ¿Y a ti?
-Bueno… Tuve la ligera impresión de que alguien venía detrás de mí, pero comencé a dar vueltas y vueltas por los callejones para despistarlos. Nadie se ha enterado de este encuentro.
-De acuerdo. Continuemos…
¿Para qué me has citado aquí, Nemamiahs? En estos días, transitar por las calles es un verdadero peligro, sobre cuando nuestras cabezas tienen precio. He oído que  han enviado a uno de los suyos tras nosotros. Los mortales terrenales lo llaman “Jack, el destripador”, pobres ignorantes… Si supieran lo que en realidad es.
-Lo sé, y es por eso que te he citado aquí hoy.- Nemamiahs se acerco hasta el Cristo - Tenemos que dar punto final a este asunto.

- ¿Dar punto final? No creo que eso sea posible. Míranos Nemamiahs, desde que comenzó todo esto hemos perdido a tres de los nuestros,  y no tardaran en ir por nosotros también. Tal vez deberíamos entregarles lo que piden y desaparecer.
-¿Qué es lo que sale de tu boca, Achaiah?  ¿Miedo, cobardia, deshonor? Sabes perfectamente lo que pasara si “esto” cae en manos equivocadas. – Nemamiahs dejo caer el bolso que llevaba y lo señalo con el dedo.
- No es miedo, ni nada de lo que has dicho, es sentido común. El maestro nos ha abandonado desde hace mucho tiempo. No podemos seguir adelante sin su protección, Nemamiahs.
-Él no nos ha abandonado, solo nos está castigando y poniéndonos a prueba por lo que hemos hecho. Jamás quiero volver a escuchar ninguna de las barbaridades que has dicho aquí hoy; No obstante,  hay algo en lo que estoy de acuerdo contigo, tenemos que desaparecer. Y llevaremos la lanza con nosotros. – Nemamiahs, volvió a señalar el bolso.
-¡Eso es una locura! – Exclamo Achaiah -  Nos seguirán por toda esta tierra hasta obtener la lanza.  No hemos sabido nada del maestro desde que fuimos desterrados, ¿y tú aun piensas en proteger esa maldita cosa?
- Así es, Achaiah. Puedes quedarte aquí y hacerte a un costado si así lo prefieres. Veamos cuanto tiempo sobrevives tu solo hasta que ellos te encuentren.
Achaiah lo pensó un instante y luego hablo -  ¿A dónde tienes planeado ir, Nemamiahs?
-Nueva York. Elemiahs nos espera en el puerto con todo lo necesario. Zarpamos esta misma noche, pero antes… Oremos.
Luego de terminar sus plegarias, los dos hombres encapotados salieron del edificio con mucha cautela, rumbo al puerto. Atravesaron buena parte de la ciudad a pie. Achaiah todavía se encontraba sorprendido, intentado asimilar  todo lo que su amigo le había dicho en la iglesia.  No estaba del todo de acuerdo con el plan de Nemamiahs, ¿pero qué otra opción tenia? La muerte no era una alternativa. Al llegar allí, un enorme navío anclado en el puerto los estaba esperando; era una nave realmente magnifica  y en la proa tenia tallado un ángel que miraba fijamente hacia el frente y  sostenía un escudo, en el cual se llegaba a leer: “Los ángeles caídos”
-No tenemos toda la noche, muchachos. –Dijo una voz desde arriba del barco, se trataba de Elemiahs. – Todo está listo, solo hace falta desanclar e izar las velas.
Elemiahs llevaba las mismas prendas que sus amigos y agitaba el brazo con una antorcha en mano.
-De acuerdo, solo danos un momento. – Respondieron ambos.
Mientras los dos hombres subían a la nave, una flecha ardiendo en llamas impacto junto a la cabeza de Achaiah.
-¿De dónde ha venido eso?
-¡No lo sé, sigue moviéndote! – Exclamo Nemamiahs.
Una segunda flecha cayo muy cerca de la cabeza de Acahiah y luego otra y otra.  Elemiahs tomó su ballesta y comenzó a apuntar hacia la parte más oscura del puerto, que es de donde provenía el fuego, intentando brindarles cobertura a sus amigos, pero era imposible, no se alcanzaba a distinguir nada. Entonces, Elemiahs sujetó su antorcha y la lanzó tan fuerte como pudo hacia el lugar desde donde provenía el ataque. Una vez que la antorcha tocó el suelo, reveló la posición exacta de sus atacantes, eran cuatro o cinco criaturas de aspecto humanoide y de piel putrefacta, con afilados dientes que salían de sus bocas, sus ojos eran como los de un reptil y casi no poseían cabello.
-¡Merodeadores con ballestas! – Dijo Elemiahs.
Al ver la luz de la flama, las criaturas dejaron escapar un chillido que se escucho parecido al quejido de un cerdo, y se cubrieron sus ojos con sus manos llenas de afiladas garras. Elemiahs aprovechó esta pequeña ventaja momentánea que había obtenido, y apunto hacia ellas con su ballesta. En dos tiros muy certeros, logró abatir a dos de las criaturas. Una de las flechas alcanzó a unas de ellas en el pecho, mientras que la segunda flecha se alojó en la cabeza de otra.  Elemiahs se preparaba para abatir una tercera, pero su acto se vio frustrado por una flecha que lo alcanzo en su hombro y cayó herido al suelo.
-¡ELEMIAHS!- Grito Nemamiahs.
-¡Estoy bien! El maldito me ha dado en un hombro, ¿puedes creerlo? – si su rostro no hubiese estado cubierto, seguramente se habría podido apreciar la justificada cara de dolor  en el rostro de Elemiahs.
Sus amigos corrieron hacia él para socorrerlo y sacarlo de la línea de fuego.
-Nemamiahs tomó la ballesta de su amigo y en un acto temerario y a la vez heroico (por no decir estúpido),  se coloco justo delante de la línea de fuego y comenzó a devolver el ataque. Gracias a su excepcional puntería, casi tan buena como la de Elemiahs, abatió al resto de los merodeadores. Soltó un suspiro de alivio y gratificación para consigo mismo; sentimientos que se esfumaron al girarse de nuevo hacia su espalda.  Más merodeadores habían subido a la nave, y esta vez portaban espadas Jian. Nemamiahs se preguntó de dónde habían conseguido espadas chinas en Inglaterra. Nuevamente, empuño su ballesta e intentó disparar, pero  desgraciadamente la ballesta ya no tenía flechas.  “Esto cada vez se pone mejor” dijo Achaiah, quien se encontraba parado dentaras de él, junto con el mal herido Elemiahs.
-¡Demostrémosles a estos adefesios con quienes se han metido! – Alardeo Nemamiahs y los tres se lanzaron sobre el grupo de Merodeadores.
Achaiah saco dos afiladas dagas de sus mangas, las cuales tenían una empuñadura realmente hermosa y trabajada. Bloqueó el sablazo de uno de los merodeadores con una de las dagas y apuñalo a éste en el pecho con la otra. La hoja quedo impregnada de un líquido oscuro, similar al petróleo, al ser retirada de la criatura. El mal herido Elemiahs  tomó la espada Jian del merodeador abatido y se lanzó sobre otros dos de ellos, haciendo girar la espada con movimientos letales y precisos. Desgarro la garganta de ambos en un abrir y cerrar de ojos.
-Señores, estoy en dificultades. – resaltó Nemamiahs, que se movia de un lado a otro esquivando y bloqueando los ataques de otros dos merodeadores,  con ayuda de la descarga ballesta de su amigo.
Achaiah lanzó una de sus dagas sobre las criaturas y logró clavársela en la espalda de una de ellas, y su amigo le lanzó la ballesta por la cabeza al segundo merodeador; retiró  la daga de la espalda de la otra criatura que se retorcía intentado quitárselo de allí. “Si lo permite... Espero no molestarlo” le dijo Nemiamiahs al monstruo y le arrancó violentamente el cuchillo de la espalda. Tomó al otro merodeador del cuello y lo apuñalo en reiteradas ocasiones en el vientre.
-Creo que han sido todos. – señalo Elemiahs, al tiempo que soltaba un bocanada de aire.
-Sin lugar a dudas, ustedes son los desgraciados más molestos que he tenido que cazar – dijo una voz desde el borde del muelle.
- ¡Adirael! Así que tú eres el que nos ha estado cazando. -  repuso Nemiamiahs.
Adirael tenía un rostro angelical: Sus ojos, cristalinos  y verdosos como el agua, desprendían inocencia. Sus largos y dorados cabellos, brillaban igual que el oro bajo la luz de la luna. La nariz perfecta, pómulos bien formados, todo en el desprendía belleza; No obstante, había algo en su belleza que incitaba inquietud.
-Por favor. Lámame “Jack, el destripador”.
-Así es como te llaman los mortales terrenales.
- Son tan básicos… - dijo Adirael, con un claro tono de repulsión. – Denme la lanza y únanse a nuestra causa.
- Estamos tan arrepentidos de haber servido a esa causa, esperamos poder reparar los errores. – Dijo Elemiahs.
- Sabía que darían problemas desde el primer día que nos desterraron.
Tan rápido como el viento, Adirael se  movió hacia los tres encapuchados y comenzó repartir agiles golpes hacia todos lados. Su oscura vestimenta en combinación a sus rápidos movimientos, daban la sensación de estar siendo atacado por una sombra. No había mucho que los tres monjes pudieran hacer frente a Adirael, sus movimientos eran demasiado veloces para cualquiera de ellos. Adirael posó su atención en Nemiamiahs, que era quien tenía la lanza en su bolsa, y nuevamente en un movimiento realmente veloz, se dirigió hacia el monje y lo tomó del cuello, al tiempo que de sus manos  brotaban unas puntiagudas garras. En el preciso instante en que Adirael lanzaba sus afiladas garras sobre el cuello de Namiamiahs,  Elemiahs le lanzo agua que tenia almacenada dentro un frasco de vidrio.
-¡MALDITOS! – Gruño Adariel. – Se trataba de agua bendita, la cual quemo su hermoso rostro como lo haría el acido sulfúrico.
-Esto es por nuestros hermanos caídos. – Dijo Namiamiahs – luego de hundir su espada en el vientre de Adirael; Lo arrastro hasta el borde del de la nave y lo lanzó al agua por la borda.
-¡Vamos! Tenemos que izar las velas. – repuso Elemiahs, que tenía toda su túnica llena de sangre, debido a la hemorragia que le había provocado la flecha.
Cansados y heridos, los tres monjes emprendieron su huida de la ciudad de Londres, rumbo a su nuevo hogar: Nueva York.

Que tal? Les gustó? No dejen de visitar el blog de Reader, y perdónenme por no escribir relato, aunque sean vacaciones estoy bastante atareada.Cuando vuelva a la capital les devuelvo los comentarios de la entrada anterior, por que no se si de mi tablet se puede. (Tengo un nuevo tablet, alégrense por mi xd)
Besoooooos
Abbie

16 comentarios:

Violeta dijo...

Muy bonito Abbbie!

Me alegro que que tengas una tablet xD

Un besito.

Violeta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maii dijo...

Hola Abbie!
Que disfrutes de tu dia en la playa (suertuda ¬¬) xd

Interesante el prologo..

Besos :3

Abbie dijo...

Vi: No lo escribi yo, pero gracias xd Y gracias por lo del Tablet xd

Maii: Jajajaja muchas gracias, pero es curioso que ni siquiera bajamos a la playa, nos quedamos en nuestro departamento (tenemos departamento aqui xd)

AtomicKitten dijo...

Pero ya sé cómo escribe, yo quería tus relatos emotivos :'(

Abbie dijo...

Jajajajaaj pardonne mademoiselle, será para otro martes ):

Reader dijo...

Nuevamente gracias por publicar mi capitulo :D. Tengo el tema para tu siguiente relato!! forma parte de mis ideas para mi novela pero buehh... aqui va "hombres lobo" pero con un origen completamente distinto a los clasicos licantropos de las peliculas y/o libros. Son personas que evolucionaron a partir de Canis lupus (el lobo) en lugar de el mono, como la mayoria, y se los conoce como los "lupus sapiens" No se, fijate si te gusta. Saludos.

AtomicKitten dijo...

Ehm... El hombre no evolucionó del mono. ¿¡Es que nadie entiende la teoría evolutiva!? Según la teoría evolutiva, el hombre y los primates comparten un ancestro común, que NO era un mono.
En fin. No podía no decirlo, por eso de que soy Ravenclaw xD

Abbie dijo...

Reader: Jajajaja tienes una mente asqerosamente retorcida, como encaja eso con Tom? xd

Attomic: Jajajajaja no seas mala, aunque la verdad a mi tambien me enoja que la gente diga "el hombre viene del mono" xd Te perdono solo por ser Ravenclaw y por que tienes un extraño parecido a Hermione xd

Reader dijo...

Cierto... en la peli "el planeta de los simios" explican la diferencia entre el mono y los simios, como sea. Se entendio ¬¬.
Si, tengo la mente completamente trastornada. Culpo a los comics, el cine y los videojuegos xD

Abbie dijo...

ok, culpa de ellos 8-) pero dime qe tiene qe ver eso con Tom...

Reader dijo...

AH! tendras que esperar hasta el capitulo... XIV u_u

AtomicKitten dijo...

Ah, se hace el misterioso, el doloubu ¬¬
Ahí está, metiendo un elemento tan tópico en su historia tan originalísima...
¡¡NO ES UN MONO, Y NO TIENE NADA QUE VER CON EL PLANETA DE LOS SIMIOS!! Esto es Darwin, señores, Darwin, CIENCIA.

Abbie dijo...

Jajajaj la Ravenclaw y su ciencia xd Attomic y Darwin, sentados en un arblo, besandose (8) ajajajja no seas tan mala, que los hombres lobos estan genial xd

AtomicKitten dijo...

Se lo vas a decir a la chia que llora por las noches porque no consigue Temblor ¬¬

Abbie dijo...

jajajajaa perdon, meti el dedo en la herida xd

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