27 dic. 2011

Martes de relato #8

Todos los martes subiré un relato original.
En los comentarios, las personas que quieran pueden decir un tema para mi siguiente relato, pueden pedirlo con todos los detalles que quieran, por ejemplo:
 "Abbie, quisiera que hicieras un relato sobre una princesa y su dragon, blah blah"
(Si te da verguenza hacerlo publicamente mandame un mail)
Si más de una persona pidió tema, pondré imediatamente una encuesta y las personas podrán votar por el tema que más les guste (:

Hoy como todos los martes, me presento aqui con un humilde relato para vosotros. (Como me gusta hablar asi xd) La verdad es que me entra la flojera todos los lunes cuando me acuerdo de que tengo que hacer esto, pero interiormente me gusta así que me obligo. Hoy denuevo no sé sobre que escribir, encontré una historia que escribí por ahi hace algunos años, tenía unos nueve a lo más diez, pero me niego a transcribirla por que es muy triste el trasfondo... y no tengo animo asi que tal vez lo haga otro día, hoy será lo que salga.




Encerrada

"- Chelsea, es la última vez que te lo digo, no quiero que vuelvas a hablarme de esa tal Hana, no es real, metételo en la cabeza -dijo con severidad Adrian, el padre de Chelsea.
Chelsea no contestó, hace tiempo ya no lo hacía. Sus padres no querían creerle, sin importar las veces que había intentado explicarles, simplemente no le creían y solo hasta hace unas semanas se dió por vencida. Giró la cabeza y se topó con la mirada de su madre, cuanto hubiera deseado el no haberlo hecho, era una mirada cargada de angustia...
-Chelsea, respondele a tu padre -dijo.
-Lo siento papá -se esforzó por decir la chica-, se que no es real. Ya no os hablaré mas de ella.
Adrian la miró y fue a sentarse con su mujer sin decir nada; ya no tenía ánimos para nada más.

Hace dos meses, Chelsea había comenzado a portarse de manera extraña; hablaba sola, jugaba en habitaciones vacías, se quedaba mirando al infinito, o se desconcentraba sin razón aparente. Al principio, Adrian y Clara lo tomaron por normal, al fin y al cabo casi todos los niños de esa edad tenían amigos imaginarios... pero hace casi un mes las cosas se volvieron más raras y se salieron de control. Chelsea no dejaba de hablar de Hana, no quería jugar con otros niños por que Hana no podía jugar con ellos, no quería dormir por que Hana se quedaba sola mientras dormia... estaba completamente obsecionada con su nueva amiga. Por más que intentaron hablar con ella, Chelsea se negaba en redondo a dejar a Hana a un lado, y seguía firme en la idea de que Hana era real tratando de convencer a sus padres de todas las maneras posibles. Un día Adrian y Clara no pudieron más, y llevaron a la pequeña a un psiquiatra, pero ni las pastillas alejaban a Hana... lo único que consiguieron fue que Chelsea presentara un cuadro depresivo por medicamentos que no necesitaba. Abrumados por haber causado tal daño a su pequeña hija, Adrian y Clara decidieron que sólo tomarían dos medidas: dejar a Chelsea solo con psicólogo y prohibirle hablar sobre Hana.
No funcionaba.

Chelsea iba a volver a encerrarse en su cuarto, pero Hana estaba en el umbral; mirándola con esa cara de profundo dolor que ponía cada vez que su amiga la negaba. La chica no pudo soportarlo.
-Lo siento papá, pero no debo mentirte. Hana es real y nada de lo que digas la hará desaparecer.
Ahora si podía encerrarse tranquila. Clara rompió a llorar.

-Lo siento, Hana -dijo Chelsea al entrar a su habitación-, no sabía que hacer.
-No tiene importancia -le contestó, pese a que su mirada de hace unos segundos demostraba lo contrario.
-Dime, ¿de verdad eres real? -le preguntó Chelsea como si nada.
-Eso ya me lo has preguntado muchas veces -dijo Hana frunciendo el entrecejo.
-Lo sé, pero creo que aún no logro entenderlo.
-Mira, soy real -dudó un momento-, o lo fui alguna vez. Ahora sólo soy real para algunas personas que son especiales.
-¿Cómo yo?
-Así es.
-Entonces, ¿por qué mis padres no me creen?
-Por que no pueden verme, no son especiales. Creo que nunca te creerán.
Chelsea no dijo nada, ella creía lo mismo. No sabía que hacer, Hana era la mejor amiga que había tenido nunca, pero si seguía viéndola sus padres se pondrían realmente mal, si es que eso era posible.
-¿Quieres jugar algo? -Hana interrumpió sus pensamientos.
-La verdad no. Ahora tenemos que salir para el psicólogo.
-Lo lamento por ti, tal vez debería irme.
-No -saltó Chelsea-, ya te dije que no. Ya encontraré una solución, pero este es tu hogar tanto como el mío, no puedes irte.
Hana le dedicó una sonrisa agradecida. Chelsea tomó su mochila y salió al recibidor dónde sus padres la esperaban, con un leve gesto de mano se despidió de Hana. Lo cual arrancó nuevas lágrimas silenciosas de su madre.

Chelsea entró a la consulta de la psicologa después de sus padres.
-Hola, Chelsea -la saludó, y sin dejarle responder añadió-, tus padres me han contado que sigues teniendo problemas con tu amiga imaginaria. Me dijeron que no les haces caso cuando te dicen que la olvides, ¿me cuentas por qué?
-No es imaginaria, es real -respondió Chelsea a la defensiva, odiaba ese tono meloso que la psicóloga se empeñaba en usar con ella-. Por esa misma razón no la olvido, por que no se puede. Además, es mi amiga.
La psicologa intentó mantener la calma, aquel caso la estaba sacando de quicio.
-Chelsea, cielo -dijo intentando mantener un tono calmado-, todos venimos de alguna parte ¿verdad? Hana no. Por que ella sólo existe en tu imaginación.
-Eso es una mentira. Hana si viene de alguna parte. Ella tenía una familia, hace mucho mucho tiempo, pero su casa se incendió y ella no pudo salir, por eso aun vive en el mismo lugar dónde ahora esta mi casa -intentó explicar-, además ella sólo existe para personas especiales.
Tras una larga hora de conversación sin fruto alguno, Chelsea fue puesta en libertad. La psicóloga le dijo a sus padres que si no volvía a tomar los medicamentos no había nada más que hacer por ella, y cerró las puertas de su consulta dejando a Adrian y Clara más desesperados y desorientados que nunca.

Al llegar a casa Chelsea se fue directo a su habitación, no se despidió de nadie ni comió nada, y sus padres tampoco la apremiaron para que lo hiciera. Se tiró en la cama sin desvestirse.
-¿Ha estado muy feo? -preguntó Hana con preocupación.
-Algo -le dijo Chelsea-, buenas noches.
Su tono no dejaba lugar a replicas, así que Hana se limitó a flotar mientras Chelsea dormia.

El olor a azufre y los chillidos de su madre la arrancaron de su profundo sueño.
-¡CHELSEA! ¡CHELSEA ABREME LA PUERTA! -gritaba su madre desde afuera.
Chelsea corrió pero la puerta estaba trabada, no podía abrirla por más que lo intentaba. El humo comenzaba a filtrarse por las orillas desiguales de la puerta, su madre tosía mientras intentaba rescatarla.
-¡Señora! ¡Señora tiene que salir! Nosotros sacaremos a su hija, ¡salga de ahí! -Chelsea escuchó la voz de un desconocido, y luego claras señales de un forcejeo. Su madre y el bombero.
-¡SUELTEME! ¡MI HIJA ESTÁ AHI ADENTRO! -chillaba Clara.
-¡Señora vayase! ¡Nosotros la sacaremos! -intentaba tranquilizarla el bombero.
-¡MAMÁ OBEDECE! -gritó Chelsea desde el otro lado de la puerta, y agregó- Por favor mamá, sal de aquí.
Pero Clara se negaba a colaborar, de repente un pedazo de techo se vino abajo, el bombero apenas y tuvo tiempo para apartar a Clara y a él mismo. El pedazo de techo bloqueó aun más la puerta, el fuego se apoderó de el en milésimas de segundo, ya nadie podía acercarse.
Chelsea escuchaba el llanto de su madre y los gritos de desesperación de su padre... escuchaba como las mangueras intentaban apagar el infierno que comenzaba a consumir su preciada puerta. Rompió en llanto, no sabía que hacer, posiblemente terminaría como Hana, y sus padres creerían que ya no era real.
Hana apareció en el momento justo, y cómo leyéndole el pensamiento dijo:
-No terminarás como yo. Yo me encargaré de que no pases por lo mismo. Hace muchos años estaba en la misma situacion que tú, en el mismo terreno, y lloraba por que tampoco sabía que hacer. Pero no te dejaré morir.
Se acercó a Chelsea y la tomó por los brazos, comenzó a elevarla por el aire, parecía costarle mucho esfuerzo... se acercaron a la pared y, sin explicación alguna, Chelsea pudo atravesarla.
-¡¿Cómo lo has hecho?! -preguntó Chelsea, sorprendida tanto por volar como por verse de pronto a salvo.
Pero Hana no respondió, estaba muy concentrada. Sólo habló cuando Chelsea estuvo a salvo sentada en el césped.
-No lo sé -dijo simplemente.
Chelsea notaba algo raro en su amiga, estaba más... transparente si es que eso era posible, parecía irreal
-¿Qué está pasándote? -preguntó Chelsea, la garganta hecha un nudo.
-Tuve que usar demasiada energía para que pudieras elevarte, y aún más para que pudieras atravesar las paredes... sabes que estamos hechos sólo de energía.
Chelsea comprendió de inmediato.
-Eso quiere decir que...
-Hasta los fantasmas morimos -dijo Hana como respuesta-, gracias por defenderme ante todos, y gracias por hacer de mi vida de muerta; una de las partes más lindas de mi vida.
-Gracias por ser la única amiga que he tenido -dijo Chelsea llorando. Las amigas se abrazaron por última vez.
Mientras Hana se desvanecía le susurró algo a Chelsea.
-Jamás me olvides, nos vemos en el más allá. -y desapareció dejando a Chelsea sola frente a su casa consumida por el fuego.
-No lo haré -dijo al vacío-, y la próxima vez que nos veamos será para siempre.

Chelsea rodeó la casa a la carrera, sabía muy bien lo peligroso que podía ser el fuego. Encontró a su madre llorando desconsoladamente en el suelo, los bomberos hablaban con su padre; que parecía una concha vacía, probablemente diciéndole que no habían podido salvar a su hija.
-¡MAMÁ! ¡PAPÁ!
Clara y Adrian se volvieron de inmediato, no podían creer lo que veían: su hija, sana y salva contra toda predicción. La familia en pleno se abrazó, y con el abrazo parecieron disiparse todos los problemas de los últimos meses, que importaba si Chelsea estaba loca, eran una familia y estaban todos bien.
Los padres de la niña le preguntaron infinidad de veces cómo había conseguido salir, y al final Chelsea tuvo que desistir de su decisión de no contar nada.
-Hana me salvó -dijo simplemente-, pero ahora se ha ido para siempre.
Esa fue la última vez que habló de Hana, sus padres la miraron, pero Chelsea no sabía si su mirada era de incredulidad o si escondía otra cosa, tal vez comprension... nunca lo supo. Todos los días de su vida pensó en Hana, aunque su amistad había sido corta, era la amistad más profunda jamás vista. Pero Chelsea no la mencionó nunca más, no quería que sus padres estuvieran mal otra vez. Además, ella sabía que era real y eso le bastaba.
Nos vemos en el más allá.
Fin

Espero que les haya gustado.
Muchos besos ;)
Abbie

3 comentarios:

AtomicKitten dijo...

Es muuuuuuyyyy necesario que SIEMPRE hagas relatos lacrimógenos? xD Empiezo a extrañar a tu vampiro psicópata xD
Re lindo. Otra vez. Triste, igualmente xD

Reader dijo...

Esto... Me conmovío. Este relato es aun mas triste que "Es la hora amiga". Igual, todavia te falta mucho para hacerme derramar una lagrima xD. Saludos.

Abbie dijo...

Attomic: No seas inconformista xdd O son relatos psicopaticos o son lacrimogenos, hasta para eso soy extremista xd

Reader: Ya lo lograré

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